Buscando el Elixir de Los Inmortales

Habiendo nacido muy rico, desde la más tierna infancia se me impuso la más severa austeridad, la más rígida disciplina, y la más refinada educación que podía recibir en esos muy lejanos tiempos.

El mejor de los métodos para vencer los problemas y las dificultades psicológicas, materiales, sociales, así como las adversidades amorosas; y una síntesis de sistemas para triunfar en toda empresa económica, me habían sido enseñadas no solamente por la serie de amigos "mayores" que orientaron mi despierta adolescencia, ni por la grande cantidad de libros a los que mi alcurnia me dio acceso, tampoco por la magnífica instrucción recibida de ilustrados y prominentes hombres de ciencia, letras, arte, política, religión, sino, por la magistral cátedra que a diario, impartía la clara inteligencia de quien fuera mi señor padre, me prepararon para suceder en el grande imperio de poder que mi padre había conquistado.

Si mi padre había logrado realizar verdaderas transformaciones sociales, en tiempos que aún desconocían el significado de la palabra revolución, no podía mi inquieto y audaz temperamento, ni mis ansias de verdadera libertad, transigir dócilmente con el poder a mi alcance.

Mi rebeldía innata, consecuencia tenaz de múltiples negaciones al mandato clerical, legal, y natural, no podía dejar quieto el remanso de mis sueños de poder, nobleza, ciencia, filosofía, arte, y sobre todo de amor, y resuelto a morir por lo que consideraba "mi vida", en medio del escándalo social, dejé mi "casa", y hube de revolcarme en el lodo de la ignorante chusma que cree saberlo todo, poseerlo todo, y sobre todo, el favor de esa gran realidad a la que llaman Dios.

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