El Médico de Los Andes

Faltando unos diez días para la noche de San Juan, los campesinos del lugar se ocupan como es natural de sus cotidianas labores, pero se dedican con esmero a recolectar Tola, yareta, ramas de arbustos o árboles secos, así como paja brava que van depositando en un lote cercado.

Mujeres, varones y niños, sin excepción se dedican ritualísticamente a la preparación de un acontecimiento que de por sí concita la participación de todos. Se trata de la tradicional fogata de San Juan, la misma que dista enormemente de ser una más de las tantas encendidas con motivos tradicionalmente domésticos que se realizan todavía en algunos pueblos y aldeas del altiplano, sin embargo tiene alguna de sus semejanzas, ya que en esa noche, que tradicionalmente se considera la más fría del año, estarán reunidas las pocas familias de la comarca campesina entorno al fuego y en derredor de Jacinto.

El día veintidós de Junio llegan algunos campesinos que tuvieron que trasladarse desde diferentes y distantes pueblos de los Andes Americanos los que son hospedados por todas las familias del lugar, quienes les brindan no sólo el albergue, sino diversidad de platos eminentemente criollos. Destacan entre las decenas de peregrinos, le hecho de que algunos tuvieron que realizar verdaderos sacrificios para llegar hasta la casa de Jacinto.

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